Nepal atraviesa una de sus peores crisis políticas en las últimas décadas luego de que cientos de manifestantes, en su mayoría jóvenes, irrumpieran en el parlamento de Katmandú y lo prendieran fuego tras días de intensas protestas contra la prohibición de redes sociales. La medida del gobierno, que bloqueó plataformas como Facebook, X y YouTube, fue vista como un acto de censura y encendió la indignación popular.
La represión policial del 8 de septiembre dejó al menos 19 muertos y más de 300 heridos, lo que intensificó la ira de la población. Frente a la presión, el gobierno levantó la prohibición y el ministro del Interior presentó su renuncia, seguida por la dimisión del primer ministro K. P. Sharma Oli. Sin embargo, la violencia continuó y se extendió a otras ciudades del país.
El incendio del parlamento simbolizó el rechazo ciudadano hacia las autoridades, mientras edificios gubernamentales y residencias de altos funcionarios también fueron atacados. El ejército tomó control de puntos estratégicos como el aeropuerto internacional y se declaró toque de queda en varias regiones. La comunidad internacional observa con preocupación la inestabilidad que amenaza con desbordar a la nación del Himalaya.
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