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AYER SE CUMPLIERON 37 AÑOS DE LA EMBOSCADA DE MILANO, DONDE FALLECIERON 22 SOLDADOS DEL EJÉRCITO PERUANO.

 

Han pasado treinta y siete años desde la emboscada de Milano (Pucayacu), uno de los episodios más dolorosos vividos por el Batallón Contrasubversivo 314 de Huánuco durante los años de violencia terrorista. El 22 de noviembre de 1988, mientras una patrulla se dirigía hacia el caserío Ramal de Aspuzana para realizar un operativo contrasubversivo, fue sorprendida por un ataque que cobró la vida de 22 jóvenes soldados, la mayoría de apenas 17, 18 y 19 años. Aquella jornada dejó marcada para siempre a Aucayacu, Pucayacu y al país entero, que enfrentaba uno de los momentos más críticos de la lucha contra el terrorismo.

Según los sobrevivientes, el ataque ocurrió en plena lluvia, en una zona de laderas y vegetación espesa que facilitó la acción de los subversivos. Tres camionetas que avanzaban hacia Milano fueron alcanzadas por una explosión y luego por un intenso fuego desde ambos flancos de la vía. La patrulla del Dodge 300, que había logrado pasar previamente, retornó para iniciar una contraemboscada y rescatar a los pocos sobrevivientes. A pesar de la respuesta, los soldados fueron ampliamente superados en número, dejando un saldo de caídos que conmocionó a toda la región.

Al día siguiente, una nueva patrulla regresó al lugar para recuperar los cuerpos faltantes y reconocer el terreno utilizado por los subversivos. En la zona se hallaron decenas de posiciones ocultas empleadas para la emboscada. Los restos de los jóvenes combatientes fueron trasladados primero a Aucayacu y luego a Huánuco, donde la población les rindió honores. Hoy, la mayoría descansa en el mausoleo del Cementerio General Augusto Figueroa Villamil, aunque su sacrificio continúa siendo poco valorado por las autoridades.

Cada 22 de noviembre, los licenciados del BCS 314 realizan una romería para recordar a quienes entregaron su vida en defensa de la democracia. Para ellos, la emboscada de Milano no es solo un hecho histórico, sino una herida que sigue viva y un recordatorio del precio que pagaron aquellos jóvenes soldados para recuperar la paz que hoy disfruta el país. Su legado permanece en la memoria de sus compañeros de armas y en la historia de Huánuco y del Perú.

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