Una controvertida práctica médica ha comenzado a ganar visibilidad en clínicas de cirugía estética de Nueva York, donde se emplea grasa humana extraída de donantes fallecidos como relleno corporal, procedimiento conocido comercialmente como alloClae. Esta técnica, impulsada por el cirujano Sachin Shridharani, promete aumentar glúteos y senos sin cirugías invasivas, mediante la implantación de tejido graso procesado en laboratorios especializados y obtenido de personas que cedieron sus cuerpos a la ciencia.
El método ha despertado interés entre pacientes de alto poder adquisitivo, especialmente aquellos que han experimentado pérdida de volumen corporal tras el uso de medicamentos para bajar de peso como Ozempic. Los costos pueden alcanzar hasta los 100 mil dólares por tratamiento, con el atractivo de una recuperación rápida; sin embargo, el uso de grasa alogénica —proveniente de otro ser humano— plantea interrogantes médicos y éticos aún no resueltos.
Especialistas advierten que, si bien la donación de tejidos está regulada en Estados Unidos, su aplicación con fines exclusivamente estéticos se mueve en una zona gris legal. La falta de estudios clínicos concluyentes sobre efectos a largo plazo, riesgos de rechazo o infecciones ha llevado a asociaciones médicas y expertos en bioética a pedir mayor cautela, mientras el debate sobre la llamada “belleza post mortem” comienza a instalarse en la agenda pública internacional.
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